A principios de mayo, un submarino estadounidense de misiles balísticos de clase Ohio –supuestamente el USS Alaska– apareció en Gibraltar en medio de las tensiones entre Washington y Teherán. Aunque las escalas de submarinos de EE.UU. en territorios británicos de ultramar no son algo extraordinario, esta visita llamó especialmente la atención por el tipo de buque involucrado, explica Luke Coffey, investigador sénior en el Instituto Hudson, con sede en Washington, en un artículo para The National Interest.
Los submarinos de clase Ohio constituyen uno de los pilares fundamentales de la disuasión nuclear del país norteamericano. Capaces de transportar hasta 20 misiles balísticos intercontinentales Trident II D5, representan uno de los activos más sensibles y estratégicamente importantes del arsenal militar de EE.UU. Su efectividad depende en gran medida del sigilo y la discreción, razón por la cual sus movimientos rara vez se hacen públicos.
En este contexto, la llegada de uno de estos buques a Gibraltar fue interpretada como algo más que una escala rutinaria. Algunos analistas la consideraron un mensaje dirigido a Irán. Otros la vieron como una señal hacia España, país que desde hace décadas reclama la soberanía sobre Gibraltar y que recientemente ha mantenido desacuerdos públicos con la Administración de Donald Trump en diversos asuntos geopolíticos. Por encima de todo, sin embargo, la visita sirvió para demostrar la solidez de la alianza entre EE.UU. y el Reino Unido, así como la importancia estratégica que Gibraltar sigue teniendo.

Punto clave entre Atlántico y Mediterráneo
Cuando en 1946 el ex primer ministro británico Winston Churchill pronunció su famoso discurso 'Los pilares de la paz' en Fulton, Misuri, habló de una "relación especial" entre Washington, la Commonwealth y el Imperio británico. Parte esencial de esa visión era la cooperación militar y el acceso compartido a bases estratégicas alrededor del mundo. Casi ocho décadas después, la visita del submarino de clase Ohio demuestra que esa idea sigue plenamente vigente.
A pesar de ocupar solo unos 7 kilómetros cuadrados y contar con una población cercana a los 35.000 habitantes, Gibraltar posee una relevancia geopolítica descomunal. El peñón se encuentra en uno de los puntos marítimos más importantes del planeta, controlando el acceso entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo. Situado en el extremo sur de la península ibérica, ofrece además una posición privilegiada frente al norte de África. Aunque goza de autogobierno en asuntos internos, la defensa del territorio continúa bajo responsabilidad de Londres, como parte de los territorios de ultramar del Reino Unido.
Siglos de valor estratégico
La historia del territorio explica por qué sigue siendo importante. Su valor estratégico está profundamente ligado a la historia. La zona que hoy se conoce como Gibraltar fue conquistada a los árabes por la Corona de Castilla en 1462 y permaneció bajo control español hasta la Guerra de sucesión española. En 1704, una fuerza conjunta anglo-holandesa-catalana tomó el peñón. En 1713, en virtud del Artículo X del Tratado de Utrecht, España cedió formalmente Gibraltar al Reino Unido "para siempre, sin excepción ni impedimento alguno".
Desde entonces, y a pesar de que Londres ha controlado Gibraltar durante más tiempo del que España lo hizo jamás, Madrid ha intentado recuperarlo repetidamente mediante presión militar, diplomática y económica. Sin embargo, la población gibraltareña ha dejado clara en múltiples ocasiones su voluntad de seguir siendo británica. En distintos referéndums, los habitantes del enclave rechazaron de forma contundente cualquier posibilidad de soberanía española.
Gibraltar también ha sido importante para Estados Unidos desde los primeros años de su historia. Durante las guerras berberiscas del siglo XIX, sirvió como base avanzada para la Armada estadounidense en sus operaciones contra la piratería en el norte de África. Más tarde, el almirante George Dewey hizo escala allí en 1899 tras la batalla de la bahía de Manila, y la llamada Gran Flota Blanca fondeó en Gibraltar en 1909 antes de regresar a EE.UU.
Durante las dos contiendas mundiales, Gibraltar se convirtió en una pieza indispensable para la estrategia aliada. En la Primera Guerra Mundial, funcionó como punto de reunión para convoyes y de base naval contra los submarinos alemanes. En la Segunda Guerra Mundial, se transformó en una fortaleza aliada prácticamente inexpugnable y desempeñó un papel esencial en la Operación Torch, la invasión aliada del norte de África en 1942. Su importancia estratégica continuó durante la Guerra Fría y permanece vigente en la actualidad, apoyando operaciones estadounidenses y aliadas en el Mediterráneo, Oriente Medio y el norte de África.
Enclave decisivo global en la actualidad
Los acontecimientos recientes han vuelto a demostrar el valor de esta plaza. La negativa de España a permitir a EE.UU. el uso de su espacio aéreo y de sus bases militares por parte de aeronaves involucradas en las operaciones contra Irán evidenció los límites de la cooperación estratégica con Madrid. A ello se suma la resistencia española a cumplir los objetivos de gasto militar establecidos por la OTAN, algo que ha generado inquietud en determinados sectores estratégicos de Washington.
Si Gibraltar hubiera pasado a estar bajo control español, resulta poco probable que EE.UU. disfrutara hoy del mismo nivel de acceso militar. Esa realidad sigue influyendo en la visión estratégica estadounidense.
En definitiva, la llegada del submarino de clase Ohio a Gibraltar fue mucho más que una simple visita naval simbólica. Fue un recordatorio de que las bases estratégicamente situadas continúan siendo esenciales para la proyección global del poder estadounidense. Al elegir un territorio británico para mostrar públicamente en Europa uno de sus activos militares más sensibles, Estados Unidos destacó tanto el valor estratégico permanente de Gibraltar como la solidez de la relación especial entre Washington y Londres.
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