El canal internacional
de noticias en español
más visto en el mundo
Actualidad

Occidente no luchará directamente contra Rusia: Europa del Este quizá tenga que hacerlo

Publicado:
Los países de Europa del Este se convertirán con toda probabilidad en el campo de batalla y la primera línea que las grandes potencias occidentales lanzarán al frente, opina el analista Fiódor Lukiánov.
Occidente no luchará directamente contra Rusia: Europa del Este quizá tenga que hacerlo

Estamos acostumbrados a considerar que los países de Europa del Este son el elemento más conflictivo e inestable de todo el mosaico político en torno a Rusia. Hay razones para ello.

La vecindad inmediata es la situación más compleja para cualquier relación: cuantos más puntos de contacto hay, más agudas son las fricciones. La lógica geopolítica, sobre todo cuando se trata de Rusia, que tiene una larga experiencia de invasiones desde el exterior, dicta impedir que de allí provenga cualquier amenaza y procurar la previsibilidad de los territorios limítrofes. Esa previsibilidad se ha garantizado de distintas maneras. En algunos casos, mediante la anexión directa; en otros, mediante formas indirectas de control.

Y como todos los vecinos occidentales de Rusia son Estados pequeños o incluso diminutos en comparación con ella, sus acciones a menudo han estado determinadas precisamente por el miedo, fundado o irracional.

El período de aguda crisis político-militar que comenzó en 2022 parecía confirmar la suposición de que no debía esperarse estabilidad entre Rusia y Europa del Este.

Los países que ingresaron en la OTAN y en la Unión Europea a finales del siglo XX y comienzos del XXI promueven la línea más intransigente, ya no de contención, sino de repliegue de Rusia. Sus propias capacidades son insuficientes, pero utilizan los mecanismos de las organizaciones internacionales —ante todo de una UE cada vez más inclinada al militarismo— para empujar a los grandes Estados miembros a endurecer su posición. Un ejemplo reciente son las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, que de hecho llamó a provocar a Rusia en el Báltico y en la zona de Kaliningrado.

Sepa más sobre Kaliningrado, el estratégico enclave báltico ruso rodeado por la OTAN y que le quita el sueño

Antes, Occidente no tenía intención de entrar en una confrontación militar con Rusia por los países fronterizos

La belicosidad de Europa del Este es una continuación de la línea que se viene aplicando desde la década de 1990. En su base estaba la convicción de que la expansión de las alianzas político-militares occidentales era un proceso histórico objetivo. Y que el propio hecho de la ampliación garantizaba la seguridad, para cuyo mantenimiento no haría falta ninguna acción militar. Este enfoque dominaba en Europa Occidental y en Estados Unidos: nadie tenía la intención real de entrar en una confrontación militar con Rusia por los Estados fronterizos con ella. Se consideraba que eso nunca sería necesario.

En otras palabras, los nuevos países miembros partían de la base de que la adhesión a la Alianza era en sí misma una garantía de seguridad, mientras que los países veteranos estaban convencidos de que esas garantías nunca se materializarían.

Dejemos entre paréntesis el papel que desempeñó la expansión de la OTAN en la exacerbación del conflicto en Ucrania. El resultado es que la cuestión de las garantías militares ha pasado de ser teórica a ser práctica. Y aquí surge una nueva contradicción. Por un lado, la OTAN no puede renunciar a sus compromisos en materia de seguridad, porque su incumplimiento acarrearía el derrumbe de la Alianza: perdería su razón de existir. Por otro, la redacción del Artículo 5 del Tratado de Washington no es tan inequívoca como suele creerse; no hay automatismo.

La falta de confianza de los europeos orientales en que acudirán en su ayuda (la experiencia histórica deja margen para la duda) empuja a las élites de la mayoría de esos países a provocar aún más tanto a Rusia como a las grandes potencias, para vincular más firmemente a estas últimas.

La escalada iniciada por Kiev entraña incidentes capaces de arrastrar a los vecinos al conflicto

Y luego viene lo más interesante: ¿en qué papel se ven a sí mismos los Estados de Europa del Este si finalmente se produce un choque militar con Rusia? Un análisis imparcial indica que serían, con toda probabilidad, el campo de batalla y la primera línea que las grandes potencias occidentales lanzarían al frente.

De hecho, tanto una cosa como la otra pueden observarse en el caso de Ucrania. Los pueblos de Europa Occidental no quieren ni están preparados para ir a la guerra por sí mismos, pero sí que están encantados de delegar esa función a quienes estén dispuestos a asumirla. Sin embargo, aunque Ucrania, por unas u otras razones, no se oponga a seguir ese modelo, con el resto de países de Europa Oriental la cosa se complica.

No contemos con los países bálticos, ya que su nivel de conciencia política queda fuera de cualquier debate serio. En cambio, países relativamente sólidos y con tradición estatal —como Polonia, la República Checa y Rumanía— son conscientes del peligro de verse arrojados a la vorágine de una escalada militar en interés de la clase dirigente europea. Esto no se refleja en la retórica, pero sus acciones prácticas se caracterizan por cierta prudencia. 

Sepa más sobre el nuevo giro en la 'histeria' rusófoba de Alemania

En el contexto de una escalada militar —y la escalada iniciada por Kiev conlleva un aumento de incidentes que podrían involucrar a sus vecinos—, se enfrentan a esta cuestión de frente. Contribuir a una mayor exacerbación elevará rápidamente los riesgos precisamente para ellos.

Hasta ahora, en Rusia se partía de la base de que, si alguien en Europa podía contribuir a un arreglo, serían los grandes Estados que no temen a Rusia. Pero en una situación verdaderamente militar, la lógica puede ser la contraria: precisamente quienes tienen motivos para temer seriamente son los interesados en mantener una situación controlada. La racionalidad no siempre prevalece. Pero para nosotros tampoco sería correcto dar simplemente por perdida a Europa del Este como un caso sin esperanza.

Por Fiódor Lukiánov, redactor en jefe de la revista Russia in Global Affairs y director de investigación del Club de Discusión Internacional Valdái.

Compartir:
RT en Español en vivo - TELEVISIÓN GRATIS 24/7