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Un aliado de EE.UU. quiere cambiar el mapa energético mundial: ¿lo conseguirá?

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En lugar de abordar los problemas estructurales, las autoridades del país buscan reemplazar la dependencia de unos proveedores y rutas de suministro por la de otros.
Un aliado de EE.UU. quiere cambiar el mapa energético mundial: ¿lo conseguirá?

La crisis en el estrecho de Ormuz ha golpeado con fuerza a Japón, cuya dependencia de las importaciones de petróleo es casi total: el 99,9 % del crudo que consume procede del exterior. Hasta 2026, más del 90 % de las importaciones de petróleo procedían de países del golfo Pérsico, entre ellos Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar y Omán.

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El impacto se ha reflejado directamente en los costes. En agosto, los gastos de Japón en importaciones de petróleo aumentaron un 58 %, aunque el volumen de crudo importado creció solo un 3,6 %. La diferencia muestra hasta qué punto el encarecimiento del petróleo afecta a la economía japonesa.

Un exalto funcionario del Ministerio de Energía japonés y el director de la Agencia Internacional de la Energía han utilizado una misma palabra para describir la política energética de los últimos años: "fracaso".

La crisis energética mundial ha llevado al Gobierno japonés a modificar su estrategia. Durante el verano, las autoridades presentaron un plan destinado a "romper con una vulnerabilidad estructural en la que la inestabilidad recurrente del suministro energético y sus limitaciones actúan como un cuello de botella para el crecimiento económico de Japón".

El plan tiene dos componentes principales: diversificar los proveedores de energía y las rutas de suministro. Tokio pretende apoyar la construcción de oleoductos que permitan reducir la dependencia del estrecho de Ormuz. En particular, estudia apoyar proyectos vinculados al puerto de Fuyaira, en Emiratos Árabes Unidos, y al puerto saudita de Yanbu. Además, las autoridades japonesas estudian la posibilidad de comprar más recursos energéticos a países del continente americano y de África Occidental.

Perspectivas de diversificación

Sin embargo, algunos expertos advierten que esas medidas no resolverán los principales problemas energéticos de Japón. El cierre a comienzos de septiembre del oleoducto Este-Oeste en Arabia Saudita y la situación en el estrecho de Bab el Mandeb muestran que disponer de rutas alternativas al estrecho de Ormuz no garantiza la estabilidad de los suministros.

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Japón también tendrá que competir por los recursos de América y África Occidental, donde las empresas europeas tienen una fuerte presencia.

Para reforzar realmente su resistencia a los 'shocks' energéticos, Tokio tendrá que introducir cambios más profundos. El experto en energía Javier Blas considera que uno de ellos debe ser reducir la dependencia del petróleo en el transporte. "Hoy solo alrededor del 2 % de las ventas de coches nuevos en Japón son de vehículos totalmente eléctricos, muy por debajo del 28 % de media en Europa", subrayó.

Japón también debería reducir el uso de petróleo para calefacción. "El Japón rural depende de estufas de queroseno, una rareza entre los países industrializados", destacó Blas.

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